Martin Parr es un caradura muy chistoso

 

The Last Resort

Martin Parr tomó esta insolente foto llamada The Last Resort en 1985.

El fotógrafo Juan Diego Santa Cruz, autor del libro Chilean Beauty, acompañó a su colega inglés Martin Parr a la Vega Central en su visita a Chile en octubre pasado. Obvio que el desvergonzado Parr iba con su cámara. Santa Cruz quedó sorprendido mirando a Parr: “El tipo era un cara de raja. Llegaba y tomaba las fotos casi en la cara de la gente”.

Qué ganas de saber los resultados de esas imágenes. Pero por mientras, una cita del mismo Parr que esclarece un poco esa desvergüenza suya que le permite tomar fotos extraordinarias: “Fotografío gente sin sentirme culpable y ese es el secreto. La mayoría de los fotógrafos se siente culpable de aproximarse a la gente. Y si te sientes culpable la gente se pondrá tensa y nerviosa. Pero yo lo hago con mucha confianza. Y por supuesto que cuando lo hago evito tener problemas”.

 

Por ejemplo la foto The Last Resort –que acompaña este artículo y publicada en 1986 con el mismo nombre– es casi una insolencia. Aunque no sólo eso. Es además chistosa, y si se la sitúa en su contexto, también sintomática de lo que Parr ha buscado mostrar.

 

Pero vamos por parte. Parr partió fotografiando las costumbres isleñas tradicionales como el tecito de las viejas inglesas, la misa fome pero peculiar, la fijación de los ingleses con el tiempo meteorológico, la casita en la campiña, las carreras a la chilena pero a la irlandesa. Son fotos hechas a la manera parriana, es decir, fascinantes. Pero en 1982, tras dos años en Irlanda, regresa a Inglaterra. Mejor dicho se estrella de frente con ella. Y para un tipo que sabe cómo leer lo que tiene delante, fue una experiencia vital. Parr halla una Inglaterra enteramente tajeada por la economía ferozmente liberal de Margaret Thatcher. Como dice Sandra S. Phillips, una de sus curadoras, “a Parr uno de los cambios que más le llamó la atención fue el que afectó a la comida, que había pasado a producirse masivamente y venderse en supermercados”.

 

Vio gente comiendo no como si fuera una necesidad o un placer, sino como si el alimento fuera un volcán de ketchup y mayonesa; gente asoleándose en playas al lado de basura; señoras dueñas de casa reunidas en una tertulia de tupperware (moda que también se dio en Chile). Y se abocó a retratar esas escenas vulgares pero sin amargura, acusó la fealdad pero sin dar sermones. Y esa fue una de sus gracias. Parr fue como un Nicanor Parra de la fotografía, un antifotógrafo. No fue pionero, porque recogió la idea de los fotógrafos documentalistas estadounidenses que venían haciendo algo parecido. Pero fue clave.

 

Viejo mañoso

Una anécdota. En 1994 Parr es aceptado en la agencia de fotógrafos Magnum. Y el 95 asistió a una exposición suya Henri Cartier-Bresson, fundador de la susodicha agencia y una especie de fotógrafo “nerudiano”, heroico, que también gustaba de mostrar la calle, la gente. Era un documentalista social, como Parr. Al salir de la exposición, Henri conoce a Martin. Irritadísimo como viejo mañoso, lo mira fijamente y le dice: “Sólo tengo una cosa que decirle. Es de un planeta completamente diferente al mío”. Un cagatintas –como uno– presente le preguntó a Henri: “¿Eso quiere decir que no te gusta su trabajo?” Cartier-Breson echando humo replicó: “¡Yo nunca, nunca repito lo que digo!”. Y se fue.

 

Después Henri le mandó una carta conciliadora entre comillas, y la cosa se diluyó. Nada importaba, porque la choreza, los colores, la ironía, el humor de Parr son de otro planeta, por eso el tipo está en el Olimpo de los fotógrafos, por su implacable estética democrática.

 

Volviendo a la entrometida foto de este artículo, su humor es universal. Parr usó para ese libro la máquina Plaubel Makina de formato medio. Es ligera y con la espontaneidad de una Leica, pero con un negativo mayor. El flash con que tomó esta foto hace que la vendedora se vea suavemente iluminada y que los colores, de los helados por ejemplo, refuljan.

 

En los últimos años Parr se ha dedicado a fotografiar el turismo globalizado con resultados increíbles, y también se ha obsesionado con Corea del Norte, a donde ha viajado varias veces para retratar la vida bajo ese raro régimen político.

 

Un par de citas de Parr: “Gran Bretaña sigue unida bajo la bandera y un cielo gris, lo que me hace mucha gracia, incluso cuando brilla el sol. Todavía existe esa actitud de ganamos dos guerras mundiales y un mundial de fútbol, que me encanta explotar a través de la fotografía”. Es como ese otro dicho que dice que los ingleses pierden todas las batallas, menos las decisivas.

 

Parr, que colecciona postales –su estilo de fotos brillantes y colores saturados se inspira en ellas–, dijo una vez: “En los folletos de viajes todo parece bonito, pero la realidad es muy diferente. La mayor parte de las fotografías que nos rodean son una forma de mentira. Y creo que es importante que los fotógrafos luchemos contra eso y sirvamos como de antídoto. Yo entiendo las reglas del juego de la propaganda y las subvierto, las rompo a propósito”.

 

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7 comentarios en “Martin Parr es un caradura muy chistoso”

  1. doifel Says:

    Alejandro, disfruté mucho leyendo tus post. Que buena idea, espero seguir leyendo más!
    saludos. doifel

  2. Florencia Says:

    Una mirada documental, crítica, que refresca la fotografía de fondos de pantalla. El comentario de Cartier – Breson, un auténtigo halago de los que no deben repetirse.

  3. Adrián Puentes Says:

    A mí también me gusta Parr y aprendí mucho con tu post. Me hace mucho sentido su actitud desvergonzada con sus fotografiados: sus imágenes tienen una desfachatez casi violenta, pero al mismo tiempo compasiva. Es como un William Eggleston al chancho.

    Felicitaciones, muy buena idea este blog.

  4. alejandropardoc Says:

    gracias Adriàn por tus saludos, son muy bienvenidos y es el primero de alguien desconocido.
    estoy preparando màs cosas.
    saludos

  5. alejandropardoc Says:

    tù no estabai en la escuela de periodismo? me suena tu nombre

  6. Adrián Puentes Says:

    Sí, era compañero de la Sole Marambio. Por ella (su Facebook) llegué a este blog.
    Saludos

  7. marian Says:

    me encanta. absolutamente acertado y necesario.
    espero por más!


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