El fotógrafo Hernández en la línea de un pistolero

Esta fue la primera escena que capturó Hernández.

Esta fue la primera escena que capturó Hernández.

Hernández arriesgó el pellejo para tomar esta foto.

Hernández arriesgó el pellejo para tomar esta foto. El muchacho acaba de ser herido en la pierna por un policía.

Marcelo Hernández perteneció a una generación exquisita de fotógrafos: unos pasaron por el diario La Época, otros por ese raro diario llamado El Metropolitano. Donde yo estuve al menos, en este último, recuerdo a ese grupo como gente que tenía el nervio del fotógrafo. Cuando tenían vacaciones por ejemplo, algunos pescaban su equipo y se iban a sacar fotos al Festival de Viña. Otros iban a fiestas religiosos. Así armaban proyectos para mostrárselos a las agencias internacionales.

Pues justamente ese viernes del año 1999 Marcelo había pedido permiso al editor de fotografía del diario La Tercera para hacer el turno temprano, en la tarde quería partir a la fiesta religiosa de Andacollo. “Entro a la 1.30 al diario, listo para irme, y veo varios fotógrafos durmiendo. El jefe me dice ándate urgente a esto, pero yo vengo de la mañana, le contesto, hay gente, no, tienes que ir”, recordó Hernández.

Se trataba de un asalto a una joyería. Enojado, partió en el móvil al paradero 21 de Gran Avenida, en Santiago. “Le digo al chofer vámonos hasta el paradero 25 de la Panamericana, y ahí nos devolvemos. En el 26 ó 27 hay una comisaría y preguntamos dónde queda la joyería”.

“Casi llegando a la comisaría veo que una niña corre desesperada. Tres pacos (carabineros de Chile) se acercan a ella y la escuchan. De repente veo que del lugar desde donde arrancaba la niña sale un tipo con un rehén. Me bajo rajado del auto y corro detrás del paco, que me grita ¡arranca que está armado! Igual sigo y me quedo como en una isla de pasto que hay al medio de la calle. Veo que se trata de un niño que está armado y que tiene al rehén. El niño tenía como 14 años, yo creo. Me escondo detrás del poste que hay en esta islita. Saco el lente gran angular que tenía la cámara y le pongo el (teleobjetivo) 80-200 (milímetros). Estaba tan malo el lente que no podías hacer foco bajo 5.6 de diafragma. Me asomo y veo al niño, tomo una foto, me grita ¡sapo culeado!, me apunta y me escondo. El niño sale del lugar arrastrando al rehén, ahí aparece un paco, quedé yo en la línea de tiro detrás del paco, ahí suena el disparo de otro paco que estaba a la izquierda que no se ve en la foto. Le dio al cabro chico en la pierna derecha, el cabro grita así ¡ahhhhhhh!, de dolor”.

“¡Me quieren pegar, me quieren pegar!”
“Después es como una película en cámara lenta. Aparecieron muchos pacos que me querían quitar el rollo de la cámara, justo aparecen los fotógrafos que habían ido al asalto en la joyería en el 21 de Gran Avenida. Grito ¡me quieren pegar, me quieren pegar!, y me zafo de los pacos. Me subo al auto. Y salimos rajados de vuelta al diario”.

“El periodismo se entera de lo que pasó; despachos en vivo y toda la parafernalia. Revelo el rollo, el jefe me pregunta ¿tienes la foto?, sí, le contesto. Luego él corta los negativos y me dice seco, sí, están buenas. Quedé ¡plop! Uno espera que le reconozcan el trabajo. Les pregunté si necesitaban algo más, que les contara lo que vi. Como me dijeron que no, partí rápido a Andacollo. Cuando iba por Los Vilos empezó a sonar el teléfono celular. Llamaban del diario. No pesqué. Chao no más. El sábado sale la foto en el diario. La única información era el informe de Carabineros. Yo les ofrecí contarles lo que vi. No tenían la visión de qué era importante”.

“El domingo me llama Max Montecinos (editor de foto del naciente Metropolitano) para que me fuera a ese proyecto. El lunes voy a La Tercera, la gente me saluda pero llego a foto y nadie me dice nada. El mismo jefe de antes me dice que había unas fotos fuera de foco y me ordena que vaya a hacer unas fotos sociales en la embajada de Japón. Yo renuncio, les digo. Un jefe del área periodística se me acerca y me da un discurso como de media hora, excelente foto, Marcelo, gran coraje. Le cuento lo del Metropolitano. Me pide que me quede en La Tercera, le digo que me doblen el sueldo, me contesta que no puede, pero que me ofrece… un día libre. Pero igual me fui en buena onda de La Tercera”.

Marcelo acaba de cumplir 40 años. Hace seis meses volvió a Chile después de nueve años trabajando para la agencia Associated Press en Montevideo. Aunque en rigor se movió por muchos lados: Angola, Venezuela, México, Brasil, Zimbabue, Sudáfrica, suma y sigue. Recién regresado, volvió a La Tercera, pero aguantó poco. Ahora tiene una agencia de fotos con un amigo.

Y su razón de volver a Chile: “mi hija quería tener una familia: primos, tíos, todo”.

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